jueves 1 de febrero de 2007

EL ÚLTIMO MONO



Ya está a la venta mi nueva novela EL ÚLTIMO MONO.

Puede adquirirse en la página web de la editorial www.verbigracia.com

También se puede adquirir en El Corte Inglés:

www.elcorteingles.es/libros/producto/libro_descripcion.asp?CODIISBN=8493535524

Sinopsis de “El último mono” de Amado Gómez Ugarte

Santos Gómez en un encontrador de buscados. Él se define como una especie de arqueólogo que ahonda en lo aparente en busca de la verdad. Malvive en una pequeña oficina en las afueras de Bilbao y su vida es un callejón sin salida desde que hace doce años falleciese su mujer, cuyo recuerdo no ha podido desterrar. Es un perdedor, un borracho, un malhablado, un don nadie: el último mono. Un día recibe por teléfono el encargo de encontrar a una mujer desaparecida, que resulta ser la cuñada del candidato a alcalde de Bilbao de un partido nacionalista vasco. La trama se va enredando en un disparate constante. Se traslada a Madrid en busca de la mujer y durante ese viaje se hace cargo de un anciano que se ha perdido, tal vez voluntariamente. Acompañado del abuelo deambula por las calles de Madrid conociendo a una serie de personajes variopintos, que van empujando la trama de la novela hacia su desenlace. Todo es humor. La novela se convierte en una crítica mordaz y humorística de la sociedad, descarnada en ocasiones, puede que incluso tierna en otras. Una narración que utiliza el género policiaco como camino para contar muchas otras cosas.

sábado 30 de diciembre de 2006

EL NUEVO AÑO



Estamos a un paso de las celebraciones rutinarias del cambio de año. Si han cambiado ustedes de residencia, de pareja, de trabajo, de ideología, de religión, de médico, de coche, de sexo, entonces ustedes comienzan de verdad un año nuevo. Si no es así, todo será igual que el anterior.
Cada año que pasa queremos creer que somos un poco más maduros, más atractivos, más experimentados. Pero lo que somos es más viejos, más canosos y más puteados por la vida. Nos empeñamos en hacer de cada año acabado un año nuevo, de cada remiendo un vestido a estrenar, de cada desenlace un prólogo. Y lo hacemos porque necesitamos fingir que renacemos cada fin de año de nuestras propias cenizas (como el ave fénix), que no perdemos la juventud del todo, que algo queda, que detrás de la última puerta puede haber un principio. Es nuestra manera de resistir (de soportar) año tras año sin que, en realidad, nada cambie.
Al nuevo año le pedimos todos los años las mismas cosas. Lo cual quiere decir que nunca se cumplen del todo nuestras expectativas, nuestros deseos, si acaso algunas migajas de felicidad comprable (iva incluido) o un poco de suerte en los negocios. El campesino mira al cielo, esperando cosecha, y el urbanita mira hacia los altibajos de la Bolsa, esperando lo mismo. Pero los dos esperan poco, porque las grandes esperanzas sólo existen para los ciudadanos corrientes en los libros y las películas. Son los gobiernos los que tienen la última palabra, los que manejan cifras macroeconómicas y deciden cuando es conveniente decir que el país va bien y que todos debemos alegrarnos. Sepultando en la tumba del olvido a los parados y trabajadores en precariedad temporal, como hacían los faraones egipcios, que enterraban vivo a todo el personal de palacio, lo cual es una manera excelente de reinicializarse, de hacer borrón y cuenta nueva.
Pero lo más recomendable, para no llevarnos dolorosos desengaños en el nuevo año, es conformarse con lo habido y lo sido en el anterior. Como aquellos tuertos que fueron a Lourdes en busca de un milagro y, viendo pasar a un grupo de ciegos, se pusieron a gritar aquello de "Virgencita, Virgencita, que nos quedemos como estamos". En fin, ya me entienden.
Cada año, también, de una manera maquinal se pide y desea paz. Se pide y desea de un modo indeterminado, abstracto, ideal, puro, espiritual, incluso idiota. Como si la paz fuese una concesión de Dios o del destino, que se alcanzase por vía del milagro o la casualidad. Pues no es así. La paz hay que pedírsela (mejor exigírsela) a quienes tienen, aquí en la Tierra, más poder sobre la vida ajena que Dios o el destino, me refiero a quienes manejan armas y las usan o las guardan vigilantes amedrentando a los ciudadanos pacíficos.
Bueno, esperemos que este año que comienza, y que pronto dará sus primeros torpes pasos, no ocurra nada peor y que siempre quede un puente o un istmo en nuestra vida, que nos permita avanzar sin quedar aislados del resto de la gente, del resto de los ciudadanos. Y que juntos, al menos, caminemos…

Amado Gómez Ugarte

domingo 17 de diciembre de 2006

LE DIJE A LADY DI QUE NO HICIERA PIPÍ

Maldita perra. Le había advertido mil veces que no estaba dispuesto a soportar por más tiempo su manía de levantar la pata en cualquier sitio y soltar su orina. Pero ella no hizo caso, y en la primera oportunidad que se le presentó, volvió a hacerlo. La monja nos estaba vigilando, como todos los días. Perseguía con la mirada nuestro paseo matutino a lo largo del jardín del sanatorio. Yo llevaba a Lady Di sujeta a su correa imaginaria, porque me habían prohibido sujetarla del cuello con una cuerda de verdad, y ella correteaba a cuatro patas olisqueando los geranios y lamiendo el agua de los charcos. El día estaba claro y la temperatura de abril era agradable. Los compañeros de paseo no se acercaban a nosotros, porque temían que la perra les orinase en la pernera de los pantalones, como era su costumbre. Einstein nos seguía a unos pasos, con precaución, relativizando las distancias. Borges contemplaba ensimismado su aleph, que era un minúsculo espejito de baño, y presumía de estar viendo reflejado en él el mundo entero con todas sus criaturas reales e imaginarias. Emily Dickinson iba repitiendo su frase favorita: "Objeta y serás peligroso de inmediato, asiente y serás cuerdo". Marcel Proust se quejaba del desayuno, porque servían café con leche en lugar de té para untar las magdalenas. Y Mia Farrow le lanzaba escupitajos a un tipo que tenía un cierto parecido con Woody Allen. Pero nadie se nos acercaba. Lady Di se detuvo un momento y todos detuvieron su paso. Luego, volvió a andar y todos caminaron. La monja parecía uno de esos seres satisfechos, que como no han conocido nada de la vida, ni el sexo ni el dolor, ni el hambre ni el odio, se sentían felices en su ignorancia pensando que los demás éramos unos seres viles, carcomidos por el pecado, por los que sentir piedad y tal vez un poco de repulsión. "No se detengan", gritaba. "A paso ligero, hagan ejercicio que les vendrá bien". Dios iba el último de la fila, vestido con ropas de mujer y unos zapatos de tacón con los que apenas sabía andar, dando constantes tropiezos. "Hay que saber estar con los tiempos", murmuraba con resignación. "Ahora Dios es una mujer". Fue entonces cuando la perra se revolvió, librándose de la correa, y salió a toda prisa en dirección a la monja. Nada más llegar junto a ella le orinó sobre el hábito. Sor Teresa se quedó inmóvil, como petrificada, no supo reaccionar mientras la perra le vaciaba el contenido de su vejiga. Durante un momento parecía que el mundo se hubiera detenido. Nadie se movía. Hasta los pájaros cesaron de cantar. Luego se escuchó el grito de horror. La monja sufrió un ataque de histeria y otras monjas aparecieron en el lugar. Lady Di fue reducida de inmediato. La encerraron en el cuarto oscuro y nunca más supe de ella. A mí, que era su dueño, me condenaron a pasar el resto de mis días con una tipa con cara de caballo que decía ser Camila Parker Bowles.
Amado Gómez Ugarte

jueves 14 de diciembre de 2006

CIUDADANO EJEMPLAR



Te ocupas de tu hogar, de tu trabajo, de los ascendientes que de ti dependen, de los descendientes que de ti dependen, haces con resignación la declaración de la renta, pagas el IVA en las facturas, votas aunque sea sin muchas ganas, has dejado de fumar, le abres la puerta del portal al cartero que sólo te trae facturas y malas noticias, no aparcas en doble fila ni en ninguna fila porque no hay manera de aparcar, no le miras el escote a la cajera del supermercado o se lo miras muy poco, compras de vez en cuando un libro como quien da limosna para que los escritores no se mueran de hambre, te molestas en leer en el periódico algo más que las páginas de deporte, acudes en ocasiones a las actividades culturales de tu municipio, aunque sean recitales de poesía, que te producen somnolencia y te dejan el cuerpo como desmayado para un buen rato, haces gasto equilibrado entre las tiendas del barrio y las grandes superficies para que todos tengan su parte del negocio, sabes usar el lavavajillas, la lavadora, la freidora, el microondas y si es necesario incluso la olla ultrarrápida, no escupes ni golpeas a los cajeros automáticos cuando están fuera de servicio, si conduces por la ciudad cedes en ocasiones el paso a los peatones en los pasos de cebra y no te saltas demasiadas veces los semáforos, si conduces en carretera no pasas de la velocidad permitida salvo que tengas prisa y no utilizas el teléfono móvil mientras conduces a no ser que te suene o tengas que llamar a alguien, en ocasiones sacas la basura en bolsas bien cerradas y a horas convenientes, no como otros vecinos que lo hacen siempre en bolsas rotas y a cualquier hora, te quedas dormido a menudo en el sillón viendo la tele pero no roncas demasiado, acompañas a tu mujer al ginecólogo e incluso a las tiendas de ropa femenina y esperas paciente, o al menos sin hacer aspavientos exagerados, mientras ella permanece minutos que parecen horas metida en el probador, cuando sale le dices que el vestido le sienta muy bien porque a ella todo le sienta muy bien y dices esto sin afectación, de manera que parezca sincero y verosímil, madrugas aunque sea sábado, domingo o fiesta de guardar y sacas al perro a dar un paseo y haces uso de los servicios de recogida de heces caninas sobre todo si hay alguien mirando, te palpas el bulto del estómago antes de tomar la cuarta cerveza y decides hacer deporte que es muy sano, no haces deporte pero lo intentas desde el sillón, eres un padre responsable y no hablas mal de los profesores de tus hijos delante de los niños y si éstos te han oído algún comentario inapropiado es porque tienen el oído muy agudo, procuras no emplear palabrotas ni groserías al hablar a no ser que te des con el martillo en el dedo o alguien te lleve la contraria, no te metes en política porque opinas que la política es cosa de fulleros y porque jamás te lo han ofrecido, ayudaste una vez a un anciano a cruzar la calle y nunca le has robado a un ciego. En definitiva, eres un ciudadano ejemplar y el mundo debería agradecértelo. Eso, al menos, piensas tú. Pero tu historia no interesa a nadie, porque lo que ahora importa, lo que la sociedad valora con amplios índices de audiencia, no son los ciudadanos ejemplares sino los sinvergüenzas, los canallas, que ocupan a todas horas la pantalla del televisor contando sin pudor y sin decoro la podredumbre de sus banales vidas y cobrando por ello más dinero del que tú ganarás nunca trabajando honradamente. Por eso, a veces dudas de si no serás un pobre tonto que nunca será nadie porque eligió el camino equivocado. Y te entran ganas de engañar a Hacienda, de atracar un banco, de ponerle los cuernos a tu señora, y luego contarlo todo en la televisión. En definitiva, de hacer algo inútilmente útil.

Amado Gómez Ugarte